Elden Ring es uno de los mejores juegos de los últimos años y, probablemente, de todos los tiempos. Es obvio que lo que ha conseguido FromSoftware con su mundo abierto y estilo souls ha marcado un antes y un después en su manera de afrontar los juegos y probablemente en la industria.
De esto ya se ha escrito mucho y muy bien, por lo que no voy a profundizar en su jugabilidad y su calidad. Tampoco en el tema de los juegos de más de 50 horas, que ha sido la razón por la que he tardado más 4 años en plantarme frente a Elden Ring y sus tierras intermedias.
Quiero hablar de otro tema manido que Miyazaki y su equipo ha sabido resolver de la mejor manera posible y de la que poco se ha hablado para la importancia que tiene: la dificultad.
FromSoftware y la dificultad de sus juegos
Como digo, la dificultad en los Dark Souls, Sekiro y compañía es algo tan viejo como el primer juego de la compañía japonesa. Personalmente, creo que sí son juegos muy difíciles pero que hacen algo extremadamente complejo y es que gusten y no frustren.
Si a día de hoy juegas al primer Metroid de mi querida NES, te aseguro que apagarás la consola antes de una hora y no la tirarás por la ventana porque tiene un gran valor económico y sentimental. Sin embargo, si juegas a Bloodborne por primera vez, el primer monigote con el que te cruces probablemente te aplastará la cabeza en dos segundos. Y alucinarás y te enfadarás porque un don nadie te ha hecho morder el polvo. Pero no te frustrarás.

Los juegos de FromSoftware tienen muy bien medida la fórmula de dificultad-frustración-recompensa. Al igual que en Metroid (y juegos de la misma época, en general) te frustra porque no te recompensa lo suficiente como para paliar la frustración generada, en Bloodborne, cuando has muerto contra ese primer enemigo, has visto tu error y sabes que es un fallo tuyo, no una «trampa» del juego. La próxima vez llegarás a vértelas con ese personaje y lo vencerás. O fallarás de nuevo, pero reconocerás cuál ha sido tu error.
La magia que han conseguido los de Miyazaki es que la frustración nunca llega a hacerse con el control, porque cuando estás a punto de llegar a ella, tú ya has aprendido lo suficiente como para vencer a ese enemigo. Y la alegría que te da esa superación personal hace que el contador de frustración baje nuevamente a cero (o casi).
Pese a todo, la fórmula no es perfecta. Cuando te enfrentas a un souls nadie te enseña como se tiene que jugar, no se paran a explicarte que tienes que aprender los patrones y movimientos de tus enemigos para poder acabar con ellos. Aprendes a golpes y muertes y eso si puede resultar frustrante, al menos la primera vez que juegas, y hacerte abandonar a las primeras de cambio llevándote bajo el brazo el discurso de «estos juegos son difíciles» (que es cierto) sin ver más allá (que también es altamente satisfactorio).
La cuestión es que este debate lleva años en las redes y, a cada nuevo lanzamiento de FromSoftware, el debate renace y vuelve a llenar hilos de Twitter y posts en diferentes webs. Con Elden Ring no iba a ser menos.
El modo fácil en Elden Ring
La magia de Elden Ring es que, aunque nadie te lo dice de manera explícita (como siempre), dispone de varios niveles de dificultad que puedes elegir para afrontar tu aventura.
Cuando llegas al Necrolimbo con tu sinluz, lo primero que haces es darte de bruces contra un jefe opcional, el Centinela Agreste, que te destroza en cuestión de segundos. Puedes intentarlo todas las veces que quieras, pero siendo un simple mortal no vas a conseguir acabar con él porque no tienes que acabar con él.

Tienes todo un mundo ante ti, abierto para que vayas al primer lugar que se te ocurra, y este boss que te ha dado la bienvenida te ha dado también una lección vital: no tienes el nivel suficiente para vértelas conmigo.
En mi partida, esquivé al caballero después de que acabase conmigo unas cinco veces. Recogí el primer mapa del juego, conseguí mi montura Torrentera y me fui al castillo del Velo Tormentoso. Sudé sangre para poder avanzar y completar esa zona, pensando que esta vez si se les había ido la mano con la dificultad. Aún así, más por cabezonería que por habilidad, conseguí seguir adelante. Llegué a Liurnia y más de lo mismo: más mal que bien continúo con mi aventura hasta que Rennala me hace ver que estoy en el lugar equivocado.
Cuando este jefazo me mató por vigésima vez, caí en la lección que me había enseñado el primer caballero con el que me encontré: este no es tu lugar. Y lo que hice a continuación fue desbloquear el modo fácil de Elden Ring.
En mi camino, había dejado sin explorar zonas que estaban pensadas para recorrer mucho antes: el Necrolimbo oeste, la Península del Llanto, Liurnia Oeste… Monté en Torrentera y puse rumbo hacía estas tierras inexploradas y tengo que decir que casi me resultaron aburridas, porque tenía mucho más nivel del recomendado para pasar por allí.
Los enemigos caían como moscas y los bosses conseguía derrotarlos a la primera. Era muy sencillo. Había descubierto el truco de FromSoftware para hacerte el juego fácil: sube de nivel, tienes todo un mundo para hacerlo, y avanza cuando te sientas lo suficientemente fuerte como para seguir adelante sin dificultad o con la que tú consideres adecuada.
En juegos anteriores como el citado Bloodborne esto no era posible. El recorrido es bastante lineal si comparamos con Elden Ring y no puedes desviarte para farmear runas que te permitan hacer a tu personaje más fuerte. En las Tierras Intermedias puedes ir a donde quieras y subir tus estadísticas hasta que te sientas cómodo.
Elden Ring: modo fácil, normal o difícil
Claro, también puedes pensar que vaya coñazo tener que estar matando a enemigos simplones para volverte más fuerte y que el juego te sea más fácil. Oye, pues Elden Ring te da otro selector de dificultad.
En el enfrentamiento contra el primer jefe del juego, Margit, veía que tal y como estaba afrontando el combate no podía hacerle frente. Cruzaba la niebla amarilla, le daba un par de golpes, rodaba y rodaba por todas partes, para acabar muriendo después de dos estacazos.
Entré en el inventario a ver si disponía de armas mejores o alguna solución. Me paré a investigar bien el tema de las cenizas de invocación, cosa que no había hecho hasta ahora.
Asigné las Cenizas de lobo solitario a uno de los accesos rápidos y en el siguiente intento contra Margit invoqué a los tres lobos (aunque lo llamen «solitario», vienen de tres en tres). Ahora era mucho más asequible.

Ya así, habiendo activado un nivel de dificultad más bajo, era mucho más fácil acabar con él y podría haberlo hecho, pero no tuve paciencia. Después de dos o tres intentos fallidos me paré frente a la niebla e hice uso de las runas que había en el lado derecho que te permiten invocar a un cooperante, en este caso al Hechicero Roger, una suerte de espíritu que luchará a tu lado contra el jefe de turno.
A la primera. Mis escasas habilidades + las cenizas + el cooperante = nivel muy fácil. Había pasado de darle dos espadazos a Margit a acabar con él en el primer intento.
Es decir, para acabar con el jefe de esta zona disponía de varias opciones. O seguía intentando el milagro de acabar con él con mi nivel insuficiente, o volvía atrás a subir estadísticas para estar a la altura, o pedía las diferentes ayudas que Elden Ring pone a tu disposición para que no te atasques más de la cuenta.
Lo sé, esto sigue sin ser un clásico selector al comenzar el juego, pero este es el camino que tiene FromSoftware para darte diferentes opciones para que puedas hacer frente a Elden Ring sin que desesperes.
Miyazaki no va a darte a elegir nunca entre fácil, normal y difícil. Este estudio lo que va a hacer en enseñarte diferentes modos de acercarte al juego de manera que siga siendo un desafío, pero uno que se adapte a tus habilidades y a tu paciencia. Integrar todo en las propias mecánicas de Elden Ring me parece increíblemente sencillo y complejo a partes iguales.
Le han dado a los jugadores lo que llevaban años pidiendo, pero siendo fieles a su filosofía. Sus juegos siempre serán complicados, pero se han sabido adaptar y poner al alcance de la mano un modo fácil. A la manera FromSoftware, por supuesto.
