Resident Evil 8: Village, en búsqueda del equilibrio perfecto

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Raiola Networks

Siempre me confundo con las fechas y los regalos. No consigo situar bien en el tiempo cuando recibo un regalo. Mezclo los regalos que me hacen los amigos con los que me hacen en mi familia, olvido si fueron en navidades o para el día de mi cumpleaños o si fueron hace 2 años o hace 4.
Sin embargo, las navidades entre 1998 y 1999 las tengo marcadas a fuego. Ese año había escrito mi carta a los Reyes Magos con dos cosas únicamente: una PlayStation y el juego Resident Evil 2. Con solo esas opciones, sus majestades no tuvieron más remedio que satisfacer los deseos de un (quizás demasiado) joven apasionado de los videojuegos. Y, en ese preciso momento, en ese día 6 de Enero del 99, comenzó mi amor para la saga de Capcom. Un amor que ha tenido sus altos y sus bajos, sus periodos de reflexión, pero que se mantiene hasta el día de hoy, con sus recientes remakes y su reinicio con los últimos títulos numerados, Resident Evil 7 y Resident Evil 8.

Resident Evil 8, mejor dicho, Resident Evil Village, lo he esperado como agua de mayo, como aquel Resident Evil 2 del que sólo conocía lo poco que había visto en las revistas de la época. Y quizás por el hype, quizás porque uno ya peina canas y las reflexiones no son iguales con 12 que con 34 años, el poso que ha dejado después está lejos de ser el mismo.

Resident Evill Village y las eternas comparaciones

No quiero llevar esta opinión por el camino de la comparativa con otros títulos de la saga, pero hacer ciertas referencias es algo completamente necesario puesto que es el propio juego el que deja claro su conexión con ellos. Porque cuando uno ve este Village ve ese giro hacia el juego en primera persona del 7, dejando atrás el clásico punto de vista en tercera persona (lo cual me parece magnífico), pero ve también esa vuelta a la acción más pura dejando a un lado la parte de terror que se vio en los Resident 4 y, ya de forma descarada, en la quinta parte, con lo cual ya no estoy tan a favor.
Para mi, Resident Evil es una saga de pasar miedo, de atravesar una puerta con la tensión de no saber que habrá al otro lado, de cruzar un pasillo con el dedo preparado en el gatillo porque quien sabe qué monstruo te saldrá del lugar menos pensado, de pensarte dos veces si disparar a un enemigo porque quizás sean tus últimas balas hasta dentro de un buen rato. Y eso se ha marchado. Ya en la anterior entrega, en la segunda mitad del juego, se tomaban estos derroteros y, después del gran reinicio que supuso ese título a la obra de Capcom, era algo “perdonable”, pero en este Village no pasa ni una hora hasta que te tienes que enfrentar a una pequeña horda en el que lo último en lo que piensas es en las balas (en verdad, con las hordas nunca queda claro si hay que quedarse a matar a todos y cada uno de los enemigos o si la solución es correr y no mirar atrás).

Pero, volviendo al punto del género, no estamos ante un videojuego como la quinta y sexta entrega, donde era un estilo de juego completamente de acción y se olvidaba por completo del terror. Aquí todavía existe el terror, aquí todavía hay que pensar de vez en cuando en la munición que tienes o en apuntar bien para ahorrarte un par de balas, pero el juego se preocupa mucho en que la munición no sea un impedimento y en todo momento te obsequia con balas para casi todas tus armas, elementos para que fabriques tu mismo tus propias balas o suculentas ofertas en la tienda del Duque, uno de los elementos repescados de RE 4. Para un servidor, la balanza está desequilibrada para el lado menos bueno, pero habrá que esperar unos años a ver qué camino se sigue, si el del equilibrio de Resident Evil 4 o 7, o nos volvemos locos a fusilar zombies como en las entregas que están entre esas dos.

Siempre mirando a tiempos pasados y a esa búsqueda del equilibrio entre fórmulas de títulos anteriores que se busca en Village, hay que pararse a hablar de un clásico de las primeras entregas de la saga como son los puzzles y el punto metroidvania (no poder avanzar y tener que resolver acertijos en otros puntos del mapa para conseguir el elemento que necesitas para poder continuar), que aquí se entremezcla con el efecto pasillero para avanzar en la historia que veíamos en la quinta entrega.
Como digo, se ven los esfuerzos en hacer un cóctel de ideas que, al final, incluso se termina agradeciendo, pero que deja un regusto amargo por el quiero y no puedo (en este caso sería más correcto puedo y no quiero) de un balance que no termina de encontrar. Porque sí, los puzzles están presentes, pero en general no tienes que salir de la estancia en la que estés para resolverlo y son tan simplones que te das cuenta de que les hubiera gustado quitarse de encima el tener que diseñarlos y ponerte una puerta que puedas abrir con un simple botón.
Y el resultado, repito, es que se agradece el esfuerzo, pero queda más marcado el estilo de avanzar por una ruta determinada que el tener que pensar un poco más de la cuenta en cómo puedes avanzar en la historia.

¿Candidato a GOTY 2021?

A pesar de todo, mi opinión está lejos de ser negativa. Resident Evil Village es un juegazo como la copa de un pino y, si llevase el nombre de una nueva saga de juegos, estaríamos ante probablemente el GOTY de este año 2021. De echo, es uno de los nominados y favoritos.

La cámara en primera persona le sigue sentando como un guante y es una gran noticia que haya llegado para quedarse. Outlast, entre otros, nos demostró que es mucho más angustioso y terrorífico ver el mundo desde ese punto de vista y en Capcom han sabido adaptarse y aplicarla a una de sus franquicias estrella.

Lady Dimitrescu - Resident Evil

En la parte más ligada al survival horror, seguimos ante uno de los referentes del mercado. Hay situaciones que son realmente impactantes y zonas que, aunque están poco aprovechadas porque el juego intenta abarcar diferentes escenarios en demasiado poco tiempo (¿o acaso soy el único que le hubiera gustado más protagonismo del castillo y la casa de muñecas?), nos darán algunas horas de una tensión que nos harán agarrar el mando más fuerte de lo que nos gustaría admitir.

A todo ello contribuyen unos nuevos villanos que desde la compañía japonesa se han encargado de hacerlos icónicos, principalmente a base de campañas publicitarias, pero también porque están muy bien diseñados y pensados. Sí, hablo principalmente de Lady Dimitrescu, esa gigante que nos saca unas cuantas cabezas y que ya es historia de Resident Evil al igual que lo es Némesis, pero no sólo de ella. El resto de bosses están muy bien construidos y, aunque en los enfrentamientos directos como boss final de zona pueden dejar bastante que desear, las zonas que protegen y su diseño son lo que el juego necesita. Aunque, recalco, están lejos del carisma de la vampiresa.

Técnicamente seguimos teniendo el RE Engine, un motor gráfico que, aunque espero que de mucho más de si en la nueva generación de consolas, hace que el juego sea gráficamente increíble, con unas texturas y unos detalles que acompañan a todo el conjunto del juego y nos otorgan una inmersión absoluta. He jugado en modo graficotes, como me gusta llamarlo, y puedo asegurar que se ve de auténtico lujo.

 

En definitiva, estamos ante un Resident Evil que sabe aprovecharse del reinicio que supuso su anterior entrega numerada y todo lo bueno que tenía, como ese cambio hacia la primera persona o el motor gráfico; pero que deja ver que los vicios nunca han llegado a irse del todo y que en la balanza entre un juego de miedo y un juego de acción, la segunda sigue estando ahí demasiado presente y el miedo puede ser ver como una próxima entrega vuelve a llevarnos al mundo de Resident Evil 5 y 6.

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